Pueblo Negro Y Sus Noches Tenebrosas por Luz Elena Lopez

Pueblo Negro Y Sus Noches Tenebrosas por Luz Elena Lopez

Titulo del libro: Pueblo Negro Y Sus Noches Tenebrosas

Autor: Luz Elena Lopez

Número de páginas: 74 páginas

Fecha de lanzamiento: November 4, 2016

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Luz Elena Lopez con Pueblo Negro Y Sus Noches Tenebrosas

En el amanecer de aquel poblado casi desierto y silencioso, se escuchaba el aullido de los lobos llamándose unos a otros. Cuando la manada se reunía, iban a Pueblo Negro en busca de comida. Bueno, eso era lo que decían sus escasos tres mil habitantes que se acostaban entre las cinco y seis de la tarde. Las calles vacías causaban terror.
Ni siquiera los perros, gatos o demás animales domésticos se atrevían a salir durante la noche. Sus pelos se erizaban cuando comenzaba el aullido de los lobos y presurosos corrían a esconderse.
Los habitantes de Pueblo Negro, como ellos le decían, no entendían qué pasaba. Unas veces comentaban que eran los lobos en busca de comida, otras, creían que las personas venían del más allá a cobrarles cuentas por lo sucedido tantos años atrás.
En pueblo Negro no había jóvenes. Desde hacia veinte años, cuando nacía algún niño, lo enviaban lejos para que creciera con algún familiar o lo encerraban en un orfelinato, así estaría más seguro.
El amanecer de cada día era un tormento para estas tres mil almas. Con temor, a través de sus ventanas, miraban hacia el exterior, sintiendo sus cabellos erizados al pensar en que alguno de ellos estuviera tirado con la cabeza destrozada, sin piernas o sin ojos. Otras veces, encontraban reses o caballos muertos totalmente desfigurados, con grandes rasguños. Parecía como si un animal salvaje los hubiera descuartizado durante la noche.
Las autoridades del lugar estaban representadas por el Alcalde, señor Bernabé Chica, hombre de cuarenta años, bajito, moreno, rechoncho, con una gran panza que le impedía amarrar los cordones de sus zapatos.
A pesar de ser la autoridad, don Berna, como le decían, era el más cobarde de todos. A las seis de la tarde ya estaba bajo la cobija, dejando a los habitantes de Pueblo Negro totalmente desprotegidos.
María era una joven alta, esbelta, cabello largo, morena de ojos negros. A sus veinte años estaba cansada de la vida. A pesar de su belleza no sabía lo qué era el amor. En Pueblo Negro no había muchachos de su edad. Los hombres pasaban de los cuarenta y no quería casarse con un viejo.
María creció lejos de su terruño. Vivió con sus abuelos en la aldea vecina, llamada La Gran Colina, hasta que éstos fallecieron. Don Berna, después de recibir la fatal noticia no tuvo más opción que llevar a su hija con él.
María no sabía qué sucedía en su tierra natal. -¿Por qué las personas eran tan raras? Por más que preguntaba a su padre, éste nunca respondía obligándola a acostarse a las cinco de la tarde. Cierto día, aburrida de la vida tan monótona del pueblo, decidió salir durante la noche a tomar aire fresco y meditar en la forma de irse para siempre. No sabía hacer nada. ¿-Dónde iría? No tenía familiares ni amigos, a excepción de su padre. Su madre desapareció veinte años atrás, precisamente el día en que ella nació. Le dijeron que estaba muerta. Siempre se escondía cuando llegaba algún visitante. Era la única forma de escuchar las conversaciones de su papá con el Reverendo Padre Anselmo y sus amigos. Supo que a su mamá se la llevaron. No sabía quién, ni por qué. Jamás preguntó. Estaba segura que no se lo dirían.
Sumida en sus negros pensamientos no se dio cuenta que alguien la observaba con ojos fríos y penetrantes, rojos como si echaran candela. De pronto, María giró su cabeza y lo vio. No pudo modular palabra. El terror la invadió cayendo desmayada, por lo tanto, no sintió cuando unos brazos fuertes, grandes y peludos la transportaban a un sitio desconocido.
Era tanto el terror que sentían los habitantes, que a su terruño ya no le decían Pueblo Gris, lo bautizaron con el nombre de PUEBLO NEGRO.